El testimonio de un mundo desaparecido

05/Abr/2013

Milim Cultural Nº 160

El testimonio de un mundo desaparecido

ALPHONSE LEVY PINTOREl invierno de 1848 fue particularmente duro en Alsacia, en el norte de Francia. En el pequeño pueblo de Marmoutier a la sombra de la imponente abadía, la miseria de los agricultores aumentaba cada día, la ira iba en aumento. Muy lejos, en París, la credibilidad del gobierno iba en disminución. La población fue creando rápidamente el culpable ideal para esta grave situación: los judíos.
La comunidad judía era casi una quinta parte de los 1.500 habitantes de la aldea. El 28 de febrero los hogares judíos fueron saqueados, para poder protegerlos, el alcalde del pueblo pidió ayuda a la policía de Saverne. El 3 de abril, el líder del escuadrón policial de la región escribió al Comisionado del Gobierno en Estrasburgo: «Al mediodía de hoy, todos saquearon los domicilios judíos!”.
Perdido en la violencia de los adultos, un niño de cinco años de edad, lo ve todo y no entiende nada. El pequeño Alphonse Levy no sabe que su familia está especialmente afectada. Napoleón les hizo cambiar su nombre los judíos de Alsacia en 1808, entonces su abuelo rebautizó a su hijo Meyer Wolff, con el nombre más francés más asimilado de Marc. Su abuelo, para poder mantener a su familia, durante años iba caminando con sus animales una vez por semana a Saverne, a seis kilómetros de la aldea. Lo hacía a pie, detrás de ellos, tratando de realizar pequeños negocios, pero lo que gente de la aldea no le perdonaba al viejo Joachim, quien trabajó tan duramente, es que luego de una veintena de años adquirió numerosas tierras en los alrededores. También había comprado justo enfrente de la escuela judía, el “Jeddeschuel”, la bella casa donde había nacido Alphonse Lévy en enero de 1843. No contento con enriquecerse el abuelo demostró ser profundamente judío: en 1823, compró con dos amigos una casa próxima a la sinagoga para hacer un hospicio judío, “Hekdisch”.
Poco después de todos estos problemas Marc Levy, su mujer Rosette y el pequeño Alphonse abandonaron Marmoutier para instalarse en Estrasburgo. El niño iba todos los días al Liceo Imperial y fue allí y en esa época que descubrió su pasión por el dibujo.  Había sido tentado por el diablo muy rápidamente. Alphonse no sería comerciante, “Handelsmann” como lo fueron en su familia. Será un artista, un pintor, como Rembrandt a quien tanto admiraba.
En 1860, a los 17 años, abandonó definitivamente Alsacia por París. Estudió en el taller de Jean-León Gérôme, famoso  pintor académico en ese momento. Gérôme le enseñó a Alfonso Levy el arte del dibujo, aunque el maestro clásico no estaba de acuerdo con el espíritu libre del joven alsaciano, éste mantuvo una sólida técnica pictórica y las cálidas amistades de Gérôme y de Carolus Duran, un pintor de moda que tuvo su momento de apogeo. Alphonse Levy también estudió a Rembrandt. Se sentía cercano al pintor que tantas veces había elegido representar a los judíos de Amsterdam. Sin embargo, por el momento, sus preferencias se inclinaban por Honoré Daumier, alguien que representaba un cambio, estaba naciendo una nueva expresión artística, donde el humor, la sátira y el diseño comienzan a tener un papel predominante. Todos los días surgían periódicos e  historietas ilustradas casi tan rápidamente como desaparecían…
Primeras publicaciones
Alphonse Levy es entusiasta. Él presta su talento a numerosas revistas. Cuando en 1865, sus primeros dibujos fueron publicados en la revista La Luna, sólo habían pasado cinco años desde que salió de Estrasburgo. En la redacción el joven se codea con el famoso caricaturista André Gide, diseñador estrella del periódico. Alphonse Levy tenía entonces tan sólo veintidós años. La Luna, una revista ilustrada semanal, estaba dirigida contra el poder de Napoleón III, que prohíbe la publicación tres años después.
La guerra de 1870 y la Comuna
En 1870 Francia está en guerra con Prusia y Napoleón III ve tambalear y desmoronarse su imperio. En el nuevo mundo que se ha creado Alphonse Levy ha cambiado su nombre. Ahora, firma sus obras con el seudónimo Said para poder atacar tanto al Imperio moribundo como al enemigo prusiano. Napoleón III, caricaturizado como un loro cubierto con un casco lleno de pinches, parado sobre una percha llamada “vergüenza e infamia”. Al año siguiente, tuvo lugar la Comuna de París. Said sigue ahí, vigilante. Lápiz en mano, se puso del lado de los insurgentes. Con la derrota de la Comuna desaparecen Said y la esperanza. Levy reanuda su trabajo dedicado a la sátira, se hizo famoso por su participación en el diario satírico del boulevardier.
Escena de interior judío
El orientalista León Cahún,un judío alsaciano, escribe La Vida Judía, un fresco romántico del judaísmo popular alsaciano. Alphonse Levy ilustró el libro que apareció en 1886, en ese momento finalmente ha descubierto su verdadera vocación: será el testigo del pueblo judío, incluso encontró un compañero en la persona de León Cahun. Dos años más tarde, en 1888, el artista participó en la ilustración de la obra de Sacher-Masoch, que una vez fue desdeñado por el erotismo de su escritura, el libro se llamó Cuentos Judíos y parece ser que estaba pleno de encanto y dulzura. Sólo en 1903 Alfonso Levy publica sus Escenas de la Vida Judía en Alsacia.
Probablemente es en esta época que Alphonse Levy comenzó a trabajar en su serie de litografías que representan escenas de la vida judía cotidiana en Alsacia. Es entonces cuando él, que hasta entonces se había hecho un nombre en la historieta y los comics, se convierte en pintor, testimoniando la existencia de aldeanos judíos. Cuando en 1903, reunió una colección de sus litografías judías principales bajo el título Escenas de la Vida de las Familias Judías, señaló, «Esta es una obra de fe, de la memoria, ejecutada como producto de la inspiración. Es el homenaje de un niño alsaciano a los modales simples y a las costumbres sencillas y rústicas que lentamente van desapareciendo».
Pero los sofisticados judíos de París se rehusaron a reconocerse en esos pobres judíos campesinos. No les gustaron esas típicas escenas rústicas del viejo judaísmo alsaciano, por más religioso que fuere, o tal vez por esa misma razón.
Los reproches lo exasperaron a Alphonse, la revista judía alemana Ost un West que se publica en Berlín, se convierte en su defensora y en un artículo publicado en 1905, cita estas palabras del pintor: cuando era un niño no fui acunado por el canto del ruiseñor pero fui determinado por la belleza y la magia del culto de la religión a la que pertenezco. Busco mis modelos entre la gente común, entre los aldeanos ingenuos y piadosos. Mis modelos los he tomado de las aldeas de la Alsacia y la Lorena, donde vive mi familia. Ellos son los antepasados de los Judíos que Monsieur Drumont ataca tan violentamente ahora. Pero me pregunto si esos antepasados estarían de acuerdo con el modo de vivir de sus nietos en la actualidad.”
La entrada en el mundo de las Bellas Artes
Mientras tanto, muchas de sus  exposiciones se habían ganado los elogios de la crítica. Uno de ellos escribió:»En sus obras trasciende un hálito de fe sincera y emoción tan intensa que le llega a lo más profundo del alma del espectador y es esto lo que revela a un gran artista.»
Otro confesó «Los católicos no tenemos en la actualidad un pintor que nos represente como lo hace Alfonso Levy con sus correligionarios.» El mundo de las Bellas Artes” otorga al artista de Alsacia una atención digna de su talento. El Musée du Luxembourg en París, el equivalente del actual Museo de Arte Moderno, compra y expone sus litografías principales.
A partir de 1874, expuso anualmente en las esculturas del Salón de París, pinturas, aguatintas, litografías. Como litógrafo recibió una mención en la Exposición Universal de 1900. Al año siguiente fue nombrado miembro asociado del Salón de la Nationale des Beaux-Arts. Un comité presidido por Gerome, su antiguo maestro, lo propuso para la Legión de Honor. El caricaturista de la prensa política es olvidado, para los críticos se convierte en el “Millet de los judíos”
Reunión con los Judíos de África del Norte
Sin embargo, hasta su muerte, sus obras se vendían muy mal, vivía dificultosamente, encontrando un poco de ayuda en otro pintor judío de su época, Jules Benoit-Levy. En tanto su familia se establecía en Argelia, a menudo, iba a Argel aprendiendo sobre los judíos de África del Norte. A partir de 1904, comenzó a pintar en un estilo nuevo sobre la vida judía en Argelia, ya estaba completamente retirado de la caricatura.
Cada invierno salía de su pequeño apartamento parisino en la Rue de Seine para viajar a Argelia. Cuando llegaba al Norte de África se encontraba con la autenticidad judía, la muerte lo sorprende en Argel, el 2 de febrero de 1918, cuando había cumplido recientemente setenta y cinco años. Con su muerte, el público judío descubrió que Alphonse Levy no sólo era el custodio de un judaísmo del pasado, sino también un vínculo viviente entre las dos comunidades judías, la de Europa y la del Norte de África.
Por supuesto, el pintor de la vida judía a veces se muestra como un observador con mirada crítica, a veces los comentarios que completan sus grabados demuestran que no ha comprendido demasiado bien el judaísmo que representa desde un punto de vista místico. Pese a que algunas de las escenas de sus grabados tienen cierta condición caricaturesca, incluso más allá de las consideraciones artísticas, sus obras son, por su valor documental, un testimonio privilegiado de dos formas de judaísmo sometidos a cambios muy profundos.
En efecto, poco después de la Primera Guerra Mundial, la Alsacia rural judía estaba yendo hacia la supresión casi total y las comunidades judías del norte de África, como Alphonse Levy bien lo había advertido, hoy no son más que un recuerdo..
Un recuerdo que a veces penetra en el sueño solitario del cementerio judío más grande de Argel, donde se encuentra el pintor que llegó de las nieves de Marmoutier…
Hasta aquí esta nota reparadora y melancólica, sobre un pasado judío desaparecido y un pintor sobre el que nosotros queremos señalar algo que los historiadores tienen la costumbre de registrar. Cuando Alphonse Levy pinta estas conmovedoras imágenes no es el mejor momento para ganar mucho dinero o conseguir muchos clientes. El antisemitismo se extendía por toda Europa como una mancha de aceite que iba lentamente impregnándolo todo. Especialmente en Francia, no es en vano que Levy menciona al peor de todos, Edouard Drumond, el autor de un libro profundamente antisemita “La France Juive” y de uno de los periódicos más ponzoñosos contra los judíos.
Por otra parte ni los judíos alsacianos ni los judíos argelinos eran algo en lo que los judíos parisinos se vieran representados. No era un momento histórico donde los antiguos ritos y el apego a las viejas tradiciones fueran bien vistos por el judaísmo europeo. Especialmente el parisino, profundamente secular y con una apego nacionalista muy fuerte, ensueño del que iban a despertar los franceses con El Caso Dreyfus y los judíos alemanes con el fin de la Primera Guerra Mundial. Es evidente que Levy se sentía emocionalmente muy atraído y comprometido con este testimonio de un judaísmo que en la actualidad es solo un recuerdo.